Terapia infantil: La teoría de la coacción de Patterson: una forma de manipulación infantil

Dicha teoría da cuenta del origen de los patrones disociales en los niños. Patterson, tras observar de forma natural a niños de poblaciones clínicas llegó a la conclusión de que la agresión aparecía asociada a otras conductas indeseables y que tales acciones eran utilizadas por el niño para controlar a los miembros de la familia. A éste fenómeno le llamó coacción.

En esta teoría se plantea que existen conductas coactivas en los niños recién nacidos que son instintivas (como llorar) las cuales influyen en la conducta de la madre y que permiten la supervivencia del niño. Durante el desarrollo, el niño va cambiando estas conductas coactivas por habilidades sociales y verbales. Pero en determinadas condiciones el niño mantiene las conductas de origen.

Uno de los principales factores es la falta de habilidades de gobierno por parte de los padres (el no saber castigar y reforzar de forma adecuada).

Por ejemplo, cuando la madre se encuentra con el niño en un supermercado y cede ante una rabieta de éste en una tienda y le compra algo que él desea. Las consecuencias a corto plazo son agradables para ambas partes.

Se produce lo siguiente.

  1. Desde el punto de vista del niño éste aprende que puede conseguir las cosas que desea (reforzador) mediante la rabieta (conducta).

  2. Desde el punto de vista de la madre elimina un estímulo aversivo como es la rabieta del niño (reforzador negativo) y consigue un alivio inmediato, por lo que tenderá a repetir la compra en otras ocasiones.

    Pero las consecuencias a corto plazo son diferentes de las de a largo plazo. Básicamente porque el niño aprende a manipular la situación mediante el llanto. A esta interacción Patterson le denomina trampa del reforzamiento negativo.

En estas situaciones muchas veces el castigo resulta ineficaz, es decir no suprime las conductas coactivas sino que parece aumentarlas, a este proceso se le ha denominado aceleración del castigo, esto sucede debido a que el niño ha recibido un fuerte reforzamiento con las conductas coactivas; además, la forma de administrar el castigo por parte de los padres muchas veces no es la adecuada.

Lo que se recomienda en estos casos es reeducar al niño y también a los padres en lo que respecta a lo que deben o no deben hacer, enseñándoles pautas educativas que les hagan controlar la situación de manera diferente, sin perder el control, ni dejarse llevar.

Saludos,

Héctor Peraza Díaz

www.psicologosbonnet.es

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